Pensamos en la ingeniería como un mundo de hombres, pero hay mujeres en la historia y en la actualidad que nos demuestran, contra la corriente, que el intelecto y la creatividad no tienen género. Así, son innumerables los nombres de las mujeres que han realizado descubrimientos indispensables para el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

En este post abordaremos brevemente la historia de dos mujeres diferentes entre sí, pero con varias características comunes: Valentía, tenacidad e ingenio.

Hedy Lamarr:

A pesar de que la historia la encasilla como una hermosa actriz del naciente cine del siglo XX, Hedy claramente tenía mucho más que ofrecer. En el contexto de la segunda guerra mundial inventó la primera versión del espectro ensanchado que permitiría las comunicaciones inalámbricas de larga distancia, desarrollando la patente de un sistema de guía por radio para torpedos aliados que utilizaba el espectro ensanchado y la tecnología de salto de frecuencia para vencer la amenaza de interferencias por parte de las potencias del Eje, puntal de guerra del nazismo. Los principios de su trabajo se incorporan a la tecnología Bluetooth y son similares a los métodos utilizados en las versiones heredadas de Wi-Fi.

Hedy pasó del paseo de la fama de Hollywwod al National Inventors Hall of Fame.

Esther Conwell:

Conocida por la teoría de Conwell-Weisskopf, Esther fue una química y física pionera estadounidense, estudió las propiedades de semiconductores y conductores orgánicos, especialmente el transporte de electrones.

La teoría de Conwell-Weisskopf explica cómo viajan los electrones a través de los semiconductores, un logro que ayudó a revolucionar la informática moderna.

La historia de esta brillante Ingeniera y el desarrollo de su carrera  tuvieron obstáculos propios de un mundo científico y laboral que giran en torno al patriarcado: Después de su primer año de estudios de posgrado, fue contratada por Western Electric como ingeniera asistente, en ese momento, la nómina no tenía un código de título de trabajo para las mujeres asistentes de ingeniería, por lo que su título tuvo que ser cambiado a asistente de ingeniería y su remuneración se redujo para ajustarse a un código existente. Sin embargo, Esther no dio su brazo a torcer, como sus cuatro patentes, 270 artículos y varios libros de texto publicados a lo largo de su carrera, lo demuestran.